Educar en positivo, ¿cómo podemos llevarlo a la práctica?

Nadie nace sabiendo educar, el educador ha de aprender a serlo. Debemos asumir que es totalmente normal no saber desempeñar un papel que jamás antes hemos ejercido y al que no estamos habituados. Tenemos que aprender a educar con talento. Y te preguntarás, ¿qué es eso de educar con talento? Mucha gente se sorprende cuando asocio estas dos palabras: educar y talento. Me gusta más la definición que ofrece José Antonio Marina:

 

“Talento es tener buenas ideas, tomar buenas decisiones y realizarlas”

 

Por tanto, del mismo modo que existe una gran variedad de inteligencias también podemos encontrarnos talentos diferentes (científicos, musicales, financieros, etc.) Hay uno de estos talentos que rara vez se menciona. Me refiero al talento que todos tenemos para educar (educar bien, por supuesto).

talent

De los múltiples talentos que poseemos algunos los desarrollamos y otros no. Por este motivo tenemos que trabajar, ejercitar y desarrollar al máximo nuestro talento educativo si queremos obtener el éxito esperado y realizar nuestra tarea de manera efectiva educando a nuestros hijos con sentido común y criterio. Estas son algunas de las cualidades necesarias: amor, empatía, coherencia, sinceridad, humildad, paciencia…

Otra de las cualidades es el optimismo. Para educar hoy, más que nunca, es necesario que actuemos con optimismo, alegría y entusiasmo mostrando siempre nuestra mejor sonrisa porque esto es lo que vamos a transmitir a nuestros hijos. ¿Quieres que tus hijos vivan y crezcan en un ambiente donde predominan las risas, la alegría, el “buen rollo” o por el contrario, en un ambiente donde todo se critica, hay malas caras y predominan las discusiones? Vamos, yo lo tengo muy claro…

optimism

Aunque cada uno de nosotros tenemos nuestro carácter y personalidad, a ser optimista se aprende y enseñar a serlo entra dentro de nuestro papel y responsabilidad como educadores. Veamos de qué manera podemos llevarlo a la práctica:

  1. Sonreír:

No me cansaré de repetir que nuestro estado de ánimo (y también el de los que tenemos cerca) puede cambiar simplemente con una sonrisa (o mejor aún, riendo).

Por este motivo es necesario que, a pesar de las dificultades y problemas diarios, eduquemos a nuestros hijos siempre con una sonrisa. La sonrisa es contagiosa y con ella lo que transmitimos es optimismo y alegría.

  1. Eliminar las quejas:

Nuestras palabras no solo describen la realidad sino que la crean. Si ante las adversidades que se nos presentan nuestra manera de reaccionar es a través de la queja y el victimismo esto es lo que acabaremos transmitiendo a nuestros hijos. Debemos explicarles y mostrarles que la queja no te ayuda a avanzar, no soluciona tus problemas y además genera un estado mental y emocional negativo. Por tanto, de nada sirve quejarse y lo que debemos transmitir a nuestros hijos es la capacidad que tenemos de elegir cada momento y de qué forma lo queremos vivir: si como una queja o como una oportunidad para seguir creciendo. Podemos elegir.

  1. Actuar con sentido del humor:

En la vida se nos van a presentar múltiples situaciones adversas y reveses que debemos afrontar. Nuestros hijo tiene que aprender la importancia de las cosas desde un punto de vista distinto, añadiendo un punto de vista “humorístico” a los problemas, restándoles importancia y desdramatizando las situaciones. Nosotros debemos ser un ejemplo vivo de esto ya que somos los primeros que lo tenemos que poner en práctica ante situaciones cotidianas que se nos presentan y les prestamos excesiva importancia.

 

 

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