El Efecto Pigmalión, ¿de verdad es relevante en la Educación?

El  Efecto Pigmalión un concepto que muchos han metido en el cajón y que tras un boom inicial hace décadas fue cayendo en el olvido hasta que hace pocos años se decidió rescatarlo desde los Estados Unidos.

La idea de que las expectativas y confianza que una persona tiene sobre otra pueden afectar en el rendimiento de esta no es precisamente nueva. De hecho, desde los 60s, época donde se llevó a cabo quizá uno de los experimentos más importantes de la pedagogía moderna, hasta hoy, se ha especulado e investigado la mejor manera de aplicar este tipo de enseñanza.

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Primero que nada me parece buena idea hablar de dónde viene el nombre, “Efecto Pigmalión”. El concepto pertenece a una antigua leyenda griega, en la cual, Pigmalión, rey de Chipre, que además era un gran escultor, quería casarse, pero no con cualquier mujer. Él pretendía casarse con la mujer perfecta, mujer que buscó durante mucho tiempo. Encontrándose ya cansado y dándose cuenta de la imposibilidad de esta tarea, decidió simplemente no casarse.

Pero ese no fue el fin de la historia, de hecho ahora viene la parte que importa.

Pigmalión decidió hacer una escultura de la mujer perfecta, la mujer de sus sueños, y cuando la estatua fue terminada, este se enamoró de ella. Tanto era su amor que el deseo de que la escultura fuera real era inevitable, y este amor no pasó desapercibido, pues la mismísima Afrodita quedó conmovida por la situación. En consecuencia, decidió hacer real la estatua de marfil que Pigmalión tanto amaba, cuyo nombre era Galatea.

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Después de la introducción vayamos directos al grano, ¿En qué consiste el Efecto Pigmalión?

Pues básicamente consiste en el suceso que se da cuando alguien cree tanto en algo, que esto se vuelve realidad. De manera más precisa, el efecto Pigmalión asegura que existe una relación entre las expectativas que se tiene hacia un sujeto y el rendimiento del mismo. Cabe destacar que el efecto Pigmalión es relevante en varios ámbitos, como son el laboral, social, familiar y escolar.

Volviendo al ámbito educativo.

A pesar de que las aplicaciones del efecto son amplias, la más importante es en la Educación, donde los alumnos, teniendo una firme creencia en la posibilidad de la excelencia por parte de ellos mismos, pueden lograr resultados sorprendentes. Por supuesto, este no es un trabajo únicamente para los estudiantes, pues los profesores también poseen un efecto importante sobre la creencia y confianza que un alumno pueda tener sobre él mismo.

Pero no todos son resultados positivos.

Anteriormente he comentado que se trata de una relación directa entre las expectativas y rendimiento de un individuo, es decir, que tanto bajas como altas expectativas pueden afectar, conllevando a un bajo o alto rendimiento dependiendo de ello. Esto nos lleva a la clasificación del efecto Pigmalión, dividida en dos partes, el efecto Pigmalión positivo y el efecto Pigmalión negativo.

El efecto Pigmalión positivo se refiere al cualquier efecto positivo que se tenga en el individuo, usando cualquier tipo de estímulo que incentive y anime al sujeto, cosa que su autoestima aumente. Por otro lado, el efecto Pigmalión negativo se trata la disminución de la autoestima del individuo, por medio de críticas y otras acciones que puedan afectarla.

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El efecto Pigmalión se basa en tres aspectos, la firme creencia de un hecho, la existencia de la expectativa de que se va a cumplir y el uso de mensajes que animen su alcance, y no solo tiene que ver con las propias creencias del individuo, pues el comportamiento de una persona se ve altamente influenciado por la forma en que nos ven los demás, las expectativas y la energía que nuestro entorno aporta.

Hasta ahora hemos hablado mucho del concepto básico y el origen del efecto Pigmalión, pero ¿cómo se llegó de esta teoría a la realidad?, esto viene de un pequeño experimento que se llevó a cabo en 1964 por parte del psicólogo Robert Rosenthal, experimento que consistió en… una mentira. Ninguno de los individuos involucrados directamente en el experimento tenía idea de lo que en realidad se estaba haciendo o estudiando.

Antes de seguir con el experimento de 1964, vale la pena mencionar de dónde Robert Rosenthal sacó la idea que nos lleva al efecto Pigmalión. La niñez de Rosenthal no fue sencilla, era el hijo único de una familia Judía refugiada del Holocausto, y si de algo él siempre estuvo seguro, era de que sus padres lo apoyaban ciegamente en cualquier objetivo o ambición que él tuviera. Desde el fútbol americano, donde los padres le animaban para que se convirtiera en un gran jugador, a la marina de los Estados Unidos donde su padre solo podía pensar en que su hijo llegaría a ser almirante.

La vida llevó a Rosenthal por el camino de la psicología, camino por el cual no faltó el apoyo de sus padres, apoyo que dio frutos, pues de la confianza que él recibió de sus padres, consiguió éxito y distinción en su carrera, hasta el punto donde la Universidad de Harvard lo contrató como profesor. A partir de aquí Rosenthal tuvo ideas sobre cómo las expectativas de un tercero pueden afectar el rendimiento de un sujeto, Y para ellos hizo un pequeño experimento en los laboratorios de la universidad.

Rosenthal proveyó a los científicos de la universidad con ratones, pidiéndoles que experimentaran con estos, ratones que supuestamente estaban especialmente criadas para ser particularmente buenas o particularmente malas para atravesar laberintos. La verdad es que todas las ratones eran iguales entre si y la única diferencia entre una jaula y la otra era la etiqueta que rezaba “Maze-bright” y “Maze-dull” respectivamente. Como Rosenthal predijo, las ratones con la etiqueta “Maze-bright” fueron más rápidas y precisas para encontrar la salida del laberinto. Quizá fuera solo suerte, quizá las etiquetas tenían poderes mágicos, o quizá era, como dijo Rosenthal en su artículo de 1963 para el American Scientist, una dinámica subconsciente.

Volvamos a 1964, Robert Rosenthal llega a la Spruce Elementary School en el Sur de San Francisco, bajo la supervisión de Leonore Jacobson, que era la directora del colegio. Ella informó sobre una prueba que Rosenthal iba realizar en la institución, una prueba que a los ojos de profesores consistía simplemente en un Test de Inteligencia. A los profesores designados para supervisar la prueba se les informó que gracias a un estudio previamente realizado, se habían identificado pequeños grupos de alumnos en las aulas que poseían un potencial mucho más amplio que los demás, pero en realidad estos estudiantes fueron escogidos al azar.

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Sin que esta última información estuviera al alcance de los profesores, la prueba prosiguió y en el transcurso del año se observó un crecimiento en el rendimiento de los alumnos escogidos al azar, y no solo eso, en promedio estos estudiantes aumentaron su resultados de pruebas de Coeficiente Intelectual en 27 puntos. Los profesores no lo sabían. A sus ojos estos alumnos estaban destinados a tener buenos resultados por los “estudios previamente hechos”, y después de enterarse que la información provista era falsa, muchos de ellos se sintieron ofendidos para luego darse cuenta que fue un mal necesario, pues no solo se probó que las expectativas expuestas de un individuo a otro afectan dramáticamente en el rendimiento del segundo, sino que estas expectativas necesitan ser reales para que los profesores puedan mandar un mensaje que todos los alumnos consideren totalmente real.

El experimento fue un éxito, Rosenthal había confirmado lo que su hipótesis planteaba, no sin controversia, pues muchos estudiosos de la pedagogía para ese entonces criticaron de forma negativa el estudio. De cualquier manera, la tormenta pasó y con el tiempo se convirtió en uno de los descubrimientos más importantes de la psicología moderna.

En aquel entonces, el sueño de Rosenthal se convirtió en posibilidades, las más importante de todas para él, la implementación del efecto Pigmalión (nombre que él mismo le atribuyo a su descubrimiento) en el sistema educativo, para que todos los alumnos, y no solo pequeños grupos, estuvieran destinados a alcanzar un máximo rendimiento. Desafortunadamente, más de 50 años después, para frustración de muchos entusiastas de esta teoría, el efecto Pigmalión no ha podido ser implementado de manera exitosa.

Esto se debe básicamente a que después de todos estos años, con una cantidad innumerable de pruebas y experimentos, nunca se ha podido llegar a un resultado medianamente parecido al que Rosenthal obtuvo en la prueba de las ratones o el del experimento en Spruce Elementary School sin la necesidad de mentir a los involucrados. Esto llevó a pensar que el efecto Pigmalión era realmente fuerte solo cuando las expectativas eran subconscientes.

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Al final de los 80s Rosenthal empezó a estudiar la comunicación secreta: la comunicación no verbal del tono vocal, expresiones faciales, posturas y gestos que puedan esconder la gran cantidad de expresiones humanas. Después de un tiempo, Rosenthal llegó a la conclusión de que existían cuatro factores que pueden explicar cómo las expectativas de los docentes influencian a sus alumnos. Se resumen en ambiente (Comportamiento amigable), entrada (cómo los maestros le ponen más energía a sus estudiantes especiales), salida (la manera en que los maestros piden respuestas más seguidas a esos estudiantes) y reacción (cómo le dan mayor y mejores respuestas a los estudiantes en los que se tienen más expectativas).

A pesar de los esfuerzos de Rosenthal, la pregunta ¿Cómo hacer que un maestro muestre de forma intuitiva y convincente las buenas expectativas que tiene de sus alumnos? No ha podido ser respondida. Paul Ekman, un experto en el área que nunca ha trabajado con Rosenthal afirma que en general las personas muestran estas grandes expectativas a través de gestos y la muestra física de su atención hacia los estudiantes. El problema viene cuando nos damos cuenta que la gran mayoría de estas expresiones son intuitivas. A pesar de eso, Rosenthal, así como lo fue toda su vida, sigue siendo optimista y piensa que hay señales que muestran que la manera en la que un maestro debe mostrar interés al alumno puede ser enseñada.

Rosenthal se ha mostrado particularmente interesado en unos trabajos hechos por la investigadora educacional Christine Rubie-Davies entre el 2011 y el 2013 donde alrededor de 200 maestros participaron en talleres. Estos talleres se encargaban de instruir a los maestros en la educación y métodos de altas expectativas y, además, se encargaban de grabar a los maestros para que ellos mismo presenciaran sus gestos y cómo actuaban en el momento de enseñar.

A principios del 2015, Rubie-Davies público un estudio basado en un experimento donde 84 maestros fueron repartidos entre los talleres de altas expectativas y talleres de educación común. En el estudio se observó que los alumnos que presenciaron clases con los maestros de los talleres de altas expectativas hicieron avances muchos más significativos en sus clases comparados con el grupo de maestros comunes. En el estudio se afirmó que el grupo de altas expectativas logró terminar el año escolar con 3 meses de anticipación.

Además de Rubie-Davies, desde los 90s otro investigador llamado Robert Pianta también se ha dedicado a la instrucción de maestros en la educación de altas expectativas. Desde entonces, Pianta y su equipo ha estudiado un gran número de maestros y sus interacciones con los alumnos. En un estudio llevado a cabo en el 2011, Pianta público que su programa de entrenamiento de maestros logró aumentar el porcentaje de notas estandarizadas de los estudiantes de 50 a 59.

El método de Pianta consiste, al igual que el de Rubie-Davies, en grabar el comportamiento de los maestros en el aula para que ellos mismos se den cuenta, desde los gestos más simples a los particulares cambios de tonos de voz al dar clases. Una de las particularidades de los talleres de Pianta es que empuja a los maestros a comunicar las altas expectativas disminuyendo algunos de los controles tomados dentro del aula. Por ejemplo, permiten a los alumnos formar equipos para la realización de trabajos individuales, práctica que sería bastantemente criticada por un maestro ortodoxo.

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Estos estudios llevados a cabo en tiempos modernos son una gran noticia para Rosenthal y el mundo, ya que con el paso del tiempo apareció una pequeña dificultad para el estudio del efecto Pigmalión. Es prácticamente imposible la realización de pruebas como las que él llevó a cabo con los ratones y los alumnos de la Spruce Elementary School, ya que hoy en día sus estudios son considerados Dogma y son de conocimiento entre todos los entendidos del tema.

No queda más que esperar que los estudios de estos investigadores avancen hasta el punto donde el sueño de Rosenthal pueda ser llevado a cabo y, de esta manera, aportar una base para hacer que los estudiantes alcancen su máximo rendimiento en el ámbito educacional.

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