Educación real o bonita

Llega una época de cerrar etapas, objetivos, de plantearse nuevos retos para el año que está a la vuelta de la esquina, de echar la vista atrás con todo lo que hemos conseguido… y de reflexionar, sobre todo de reflexionar, al menos en mi caso, y reflexionar mucho. Pero la verdad es que todas estas reflexiones no me las estoy planteando ahora porque esté acabando el año, más bien ha sido por una serie de “causalidades” lo que me han hecho recapacitar sobre ciertas cosas que pasan a lo largo de nuestro día a día y que quizás no damos la importancia que requieren.

La realidad es que soy una persona que no para de darle vueltas a las cosas que pasan en nuestro mundo, tanto en nuestro mundo más cercano como el que no está tan cerca, muchísimas de estas cosas me gustan pero también hay otras que no me gustan, me preocupan e incluso me alarman. Hablar de esta manera es muy general, demasiado, y puede hacer que en algunos momentos me desvíe, por eso voy a centrarme en uno de los aspectos que más me apasionan y a la vez me preocupa, la educación.

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Soy Marta, maestra de Educación Infantil y soñadora por conseguir un mundo mejor. A lo largo de toda mi formación he podido compartir muchos meses de experiencias, de vivencias, de aprendizajes, de crecimiento, de superación…de vida. Los niños son personitas tan tan tan generosas que creo que nunca podremos devolver todo lo que nos dan a los maestros. Lo dan todo a cambio de nada, te dan la mano sin saber a donde les vas a llevar, vienen si que les digas ven y si les dices salta ellos saltan sin pensarlo dos veces… Son increíbles, de verdad, es el mejor regalo que nos da la vida. Cuando entras en un aula ves ojos llenos de brillo, llenos de luz y llenos de vida. No se si los maestros estamos preparados para darles todo lo que necesitan pero lo que si que creo es que si las cosas se hacen con amor y de verdad las cosas tienen que ir bien, aunque cueste, aunque el camino sea largo y duro, y aunque quizás no podamos ver el resultado, nuestra semilla queda dentro de ellos. Es por esto que me preocupa, y mucho, lo que pasa dentro de nuestras aulas. Porque no vamos a ser ilusos, no todos los maestros viven con pasión su vocación ni pueden adaptarse a las necesidades que tienen todos los niños en un aula. Por eso hay que ser muy responsable con las decisiones que se toman y por supuesto ser consecuentes, un maestro no trabaja de 9 a 17 ni tiene 3 meses de vacaciones. Un maestro se levanta y se acuesta pensando en “sus niños”. Creo que hay una idea muy equivocada acerca del trabajo de los maestros y sobre todo un desprestigio que no nos merecemos. Más que nada porque si de verdad la gente piensa esas cosas de nosotros yo no dejaría en sus manos lo que más quiero, es decir, mis hijos. Y ha pasado lo que me temía, y es que me he desviado del tema, porque tengo tantas ideas en la cabeza que quiero hablar de todas y creo que no voy a ser capaz de encauzar ninguna.

Empezaba este artículo diciendo que estamos en una época de cerrar etapas, y si nos centramos en las aulas y en los colegios, es una época de festivales de Navidad y de finalizar el trimestre. Pero hay que tener cuidado, y en este aspecto puede que tire piedras en mi propio tejado, pero más vale darse cuenta de las cosas que hay que mejorar que no pensar que todo está aprendido y que siempre lo hacemos bien. Con el fin de trimestre, los niños se llevan a casa los trabajos que han ido realizando a lo largo de esos meses. Según la metodología que se lleva a cabo en el centro o en el aula, se llevarán los libros de las editoriales (otro tema del que se puede hablar…), las fichas (en algunos casos fichas que se repiten y se repiten desde hace décadas), proyectos, talleres, manualidades… Y por ejemplo, voy a centrarme en las manualidades. En algunos casos no se sabe si la manualidad la ha hecho el niño o la maestra. Pero, ¿por qué? ¿Por qué preocupa tanto el resultado final y sin embargo da igual el aprendizaje que tengan los niños? Quizás pueda deberse a que los padres asocian que lo bonito es lo que está bien hecho y lo menos bonito a lo peor hecho. Y cuando digo padres me refiero a todo el mundo en general. Nos centramos más en un resultado bueno (habrá que saber que es bueno y que no, o que es bonito y que no para establecer los criterios que se siguen) que en preocuparnos si los niños han disfrutado, lo han pasado bien, les ha parecido interesante, les ha gustado… En muchos casos nos quedamos con lo superficial, con lo que se ve, y no con lo que llega dentro, lo que de verdad importa. Los maestros deberíamos preocuparnos menos en dejar las cosas bonitas para ocuparnos en hacer las cosas de verdad. Para que de esta manera los padres no esperen trabajos perfectos hechos por sus hijos, más que nada porque está perfección en niños de 3, 4 y 5 niños es subjetiva, es especial, es de ellos. Debemos dejarles que den rienda suelta a su creatividad. Ellos deben elegir como pintar las campanas de navidad para decorar la clase, da igual si son negras (cuidado, parece que el negro está prohibido usarlo), a rayas, a lunares o con purpurina. Será mas importante que le preguntes porqué la ha pintado así antes de decirle que podía haberlo hecho más “bonito”. Segurísimo que su respuesta es mucho más coherente que la explicación que le puedas dar tu de bonito.

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Escrito por Marta Fayos Vicente. Maestra de Educación Infantil

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